El nudo del neurótico obsesivo.
Enrique Rattín.
Los psicoanalistas bien podemos validar lo escrito por Freud en 1926 en
"Inhibición, síntoma y angustia":...la neurosis obsesiva es, quizá, el tema
más interesante y agradecido de la investigación psicoanalítica, pero el problema que
plantea no ha sido aún resuelto".
El origen de la obsesión aparece en el tiempo que el niño se abre al mundo del deseo y
de la ley. En lugar de la insatisfacción, la madre encuentra su satisfación; ella le
impone al niño su propio deseo. Si no desaparece, ni se deja privar, ella hace la ley y
en lugar de ser mediatriz se le impone como objeto y fin. El círculo se cierra, el deseo
naciente se encuentra de golpe satisfecho. Lo digo con palabras de Lacan de su Seminario
"La Transferencia..." ; "La fase anal se caracteriza por el hecho de que el
sujeto satisface una necesidad únicamente para la satisfacción del otro. Esta necesidad
se le enseñó a retenerla para que se instituya como la satisfacción del otro que lo
educa. La satisfacción de los mimos infatiles de la que forma parte la higiene, es en
principio la satisfacción del otro." El sujeto se las tiene que ver con un deseo
prematuro que va a encerrar casi siempre el carácter de exigencia casi elemental de la
necesidad y también la marca de insatisfacción inherente a toda demanda. Dice Lacan en
"Función y campo de la palabra":" El obsesivo arrastra en la jaula de su
narcisismo los objetos en que su pregunta repercute en la coartada multiplicada de figuras
mortales y, domesticando su alta voltereta, dirige su homenaje ambiguo hacial el palco
donde él mismo su lugar, el del amo que no puede verse" . El obsesivo está
enjaulado en las redes de demanda y deseo. O una u otro, ese es el debate frente al Otro
como espectador que cuenta los golpes. Un Otro que él debe preservar bajo pena de muerte.
Al obsesivo: "-tenéis que haceros reconocer en el espectador invisible de la escena,
a quien le une la mediación con la muerte", Lacan en "Función y
campo...".
Entonces ¿Cómo el deseo se articula a la demanda y cuáles son las vías que el obsesivo
encuentra para responder a la paradoja de su deseo?. El deseo está de entrada alienado en
la demanda que es un llamado al Otro que es capaz de decir sí o no.
Reconocer al demandante como sujeto es la respuesta del Otro construido a su vez por el
juego presencia-ausencia. El objeto de la necesidad deviene en la demanda como símbolo.
Lacan nos enseño que más allá de su demanda al Otro y del Otro, está lo que el Otro
desea. La dimensión del deseo el sujeto la encuentra en el deseo del Otro. Freud, a pesar
de insistir en que el trauma sexual es activo en la neurosis obsesiva: "acto sexual
de la niñez ejecutado con placer", dice que ha hallado síntomas histéricos que el
análisis demostraba dependientes de una escena de pasividad sexual anterior a la
intervención sexual activa. Aún en la neurosis obsesiva el deseo es eso que en el Otro
indica un otro deseo. La demanda de amor pone en juego al Otro y la continuidad del deseo
hace que el ser no esté alienado en el Otro. El falo se ubica como indicando el deseo del
Otro permitiendo al sujeto situarse siéndolo o teniéndolo.
La madre del obsesivo al imponérsele como objeto y fin lo recarga con su propio deseo
dificultándole el deseo del padre. Ella aparece satisfaciendo el deseo. Así encontramos
que demanda y deseo se dirigen al mismo objeto, lo que determina la ambigüedad del deseo
en el obsesivo. Aunque su falta en ser sólo lo colma ella (esos sujetos que a pesar de
tener familia su propia familia, siguen llevándole a su madre cierta "ropa para
arreglar") hace falta otro que lo reconozca como ser de deseo: el padre.
La detención del obsesivo es la del espectador de la pelea entre la madre -objeto de su
demanda - y el padre que liberaría su deseo. La distancia que mantiene el obsesivo (si su
mujer no habla del problema el va a esperar el tiempo que sea necesario, relataba un
analizante, ya pasaron dos años cuando ella dijo que determinado momento no era el
adecuado para hablar: él espera impasible) es el estar preso entre la ley arbitraria de
la madre y la ley del del deseo del padre. Quiero recordar que el sistema significante es
esecialemente binario y es lo que nos permite llamarlo saber. Digamos que el obsesivo
está en la trabajosa tarea de producir algún significante que lo saque de ese dilema. El
encuentro de ese siginificante conlleva tambiñen la negacion del mismo .
Reconozcamos el mandato o el imperativo tan azaroso las más de las veces. Es el arte de
hacer dos. Hacer surgir el deseo y anularlo. El obsesivo instala en el Otro el goce.
Un goce que lo fascina y lo horroriza al mismo tiempo: "horror ante un placer por él
mismo ignorado" decía Freud de "El Hombre de las Ratas". El sujeto
obsesivo se debate entre mantener al Otro o destruirlo. Intenta derribar y a medida que se
acerca al objeto el deseo se desvanece.
No podemos negar que hay dos vertientes:1) intento de realizar su deseo 2) exigencias
superyoicas maternas. El obsesivo nos permite entender que el superyó no es sólo la
vertiente de lo heredado del Complejo de Edipo, que es donde se sostiene el punto primero.
Sino que hay una vertiente del superyó que llama lo "real del superyó" . Esto
muestra que hay una anterioridad lógica del superyó respecto del fantasma: la orden de
lo real del superyó es hablar del goce imposible (escena primaria). Freud nos habló de
un obsesivo que le hablaba del deseo de muerte hacia un padre que ya estaba muerto. El
Hombre de las Ratas evitaba la castración haciéndose el muerto. Un registo del superyó
que dice no a la castración, son los imperativos de goce. Los mandatos y actos
compulsivos como el retorno de lo real del padre en su dimensión de goce. Digamos que es
la vertiente mítica de Totem y Tabú revelada por el obsesivo.
Dice Lacan en "La dirección de la cura.." "...la función del Otro en la
neurosis obsesiva ..se aviene a ser llenada por un muerto y que en ese caso no podría
serlo mejor que por el padre, en la medida en que, muerto efectivamente, ha alcanzado la
posición que Freud reconoció como la del Padre absoluto." Así el obsesivo apaga y
reaviva el deseo permanentemente. En la clínica se esconde y le cuesta hablar , es el
mecanismo de anulación de su deseo. La agresividad del obsesivo surge de que la
realización de su deseo destruye el objeto de la demanda y la satisfacción de la demanda
mata al deseo. Teme destruir o destruirse. Es la ambivalencia de mantener o destruir al
Otro. Pide permiso siempre, intentando obtener del Otro que valide su deseo.
Dice Lacan en la tesis tercera sobre la agresividad: "Estos nudos son más difíciles
de romper, es sabido, en la neurosis obsesiva ...su estructura está particularmente
destinada a camuflar, a desplazar, a negar, a dividir y a amortiguar la intención
agresiva ..." Es muy común escuchar en la clínica sus hazañas que lo mantienen
alejado del riesgo de la muerte. El verdadero peligro no está en su semejante, el
pequeño otro, sino en el gran Otro. Dice Lacan en "Función y campo de la
palabra" : "El obsesivo manifiesta en efecto una de las actitudes que Hegel no
desarrolló en su dialéctica del amo y del esclavo...puesto que sabe que es mortal, sabe
también que el amo puede morir ...puede aceptar tabajar para el amo y renunciar al
gozo..y en la incertidumbre del momento en que se producirá la muerte del amo,
espera." Tal es la razón de la duda y la procrastinación que son rasgos de
carácter del obsesivo.
Dice Lacan que está en momento anticipado de la muerte del amo y a la espera se
identifica a él como muerto y por medio de la cual el mismo está ya muerto. Sabemos
cuanto se esfuerzan en las sesiones en ser buenos analizantes en sus denodados mortíferos
sobre la palabra del analista. No nos engañemos si en su vida son pasivos, no lo son en
sus fantasías Freud dixit.
El neurótico para reconocerse en su deseo se esfuerza en hacer aparecer sus fantasías
que se viabilizan en el análisis por medio de enigmas. Las fantasías sádicas
predominan, organizándose en escenas donde el sujeto aparece más o menos oculto.
¿Qué podemos decir con Lacan del fantasma del obsesivo?. Sabemos que el deseo se fija en
un fantasma, es el punto donde el sujeto se prende del campo del Otro, Lacan nos dice que
el objeto a del fantasma no tiene imagen (recuerden que él está en agujero del nudo) .
El $ <> a es eso que sostiene al sujeto a nivel de su deseo. La imagen
especular i(a) no es el objeto a, pero el obsesivo olvida la complementariedad y la
máscara que uno constituye para el otro. Pareciera que para él el objeto deviene de la
demanda del Otro y que su fantasma no accede. Creo que no accede, porque el obsesivo se
resiste a su condición de objeto barrado, intenta negarlo. En ese sentido creo que el
analista con su no respuesta y el corte en la sesión lleva al obsesivo a articular su
demanda, a renovarla. Lacan nos enseño que una demanda no se cumple jamás en los
límites de una relación dual. El obsesivo intenta reducir el deseo a la demanda de
satisfacción.
La abstinencia del analista al no satisfacerla, separa la demanda del campo del deseo. El
altruismo, las actitudes seductoras y las generosidades son la forma transferencial que el
obsesivo cuenta para hacerse admirar por el Otro, analista, lo que lo deja sometido a una
gran pasividad. Si el analista no advierte esto, toma, la pendiente de la sodomización
que a veces la realiza con su silencio cómplice. Digamos entonces, que la transferencia
es un discurso donde el sujeto se rearticula más allá de la demanda pero a partir de
ella. El analista debe permitirle al obsesivo analizar su identificación al juego de
destrucción del deseo ejercido por la madre sobre el padre, ya que al analizar los
artificios verbales destinados a restaurar al Otro, intenta acercarlo a su deseo.